Nace de una fantasía romántica: imaginar qué podría suceder si dos personas se encontraran en París en el momento justo.
La inspiración parte de esa imagen clásica de la ciudad iluminada, la luna sobre las calles y la Torre Eiffel observando desde el fondo. Pero la canción busca ir más allá de la postal parisina. La verdadera historia comienza cuando aparece esa persona capaz de hacer que todo lo demás pierda importancia.
El encuentro está narrado desde la incertidumbre inicial: no saber qué decir, si acercarse, hablar o simplemente quedarse mirando. Después llegan una sonrisa, unas palabras y finalmente el contacto de las manos, hasta que la historia parece continuar por sí sola.
Así, París no es solamente el lugar donde ocurre la historia. Es el lugar donde todo parece posible.
